“Non, mais non, je ne regrette rien, non.”
IV
Le métro du destin.
Eran 23 estaciones “de la muerte” hubiera dicho la señora que se bajó en la estación Corruptela. Maryland era la última estación y desde mi lugar se veía muy lejos, el tren iba lleno al comenzar la viaje, y por alguna extraña razón todos descendían, pero nadie se integraba al viaje del gran gusano. El tren iba quedandose más sólo con cada estación, y el conductor que veía por un extraño espejo retrovisor cuidaba a la pequeña niña con trenzas en el fondo del vagón, era como si telepáticamente le dijera — No, este tampoco es tu destino, tu no perteneces a esta estación.– . Y la niña se quedaba quieta en su asiento con ojos como platos.
Entonces 23 estaciones, el recorrido era largo y tedioso y de vez en vez se alcanzaba a ver lo que cada estación guardaba en sus entrañas para los viajantes. Realmente era terrible asomarse por las ventanas y más en algunas estaciones en donde al frenar se alcanzaba a salpicar las ventanas de un líquido entre verde y rojo, realmente repugnante, pero como yo siempre fui más como ese gato que murió 9 veces por tratar de ver por la ventana, siempre quise espiar que era lo que se escondía detrás del misterio de cada estación y al parecer soy la única que se ha dado cuenta de que todo esto no es común, como siempre los transeúntes van como hipnotizados, como zombies mentales, quizá pensando en su propio destino, pero sólo atienden a la indicación del papelito que llevan en la mano, y esa es la estación en dónde terminan, y sólo yo me doy cuenta de los charcos de sangre que hay al bajar del tren, como alfombra esperándoles, muchos van vestidos con traje y corbata y las mujeres llevan medias y tacones, como zombies burocráticos, sí eso, zombies burocráticos. Hay que darle algo de crédito a la chiquilla de las pecas, ella también va horrorizada de todo. 23 estaciones. Y sólo sé que Maryland es la última, y quizá la que más secretos guarde.
(Maryland es la estación de mi sueño, la estación al final de la tripa de lugares remotos. En Maryland se cosecha mermelada de moras y todo es un gran y revuelto campo, se puede decir que es el paraíso, pero así como todas las estaciones del metro del destino, todos ocultan misterios y todos tienen sus secretos. Por mi parte lo que más me asustó fue el tigre que llegó a arrebatarme el guisado de moras que estaba preparando.)
(Esto, queridos lectores invisibles es un borrador, habrá que releerlo cuando ya no este fresco y reescribirlo también, es que ha salido fresquesito de mi inconsciente, lo acabo de soñar. Buen viernes para todos.)